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De: "Rafael Palacios" <rafapal@rafapal.com>
Sender: jedais@rafapal.com
Título: La fotografía de dios
Fecha: Tue, 10 Jul 2007 10:48:07 +0200
Para: <ummo@hispavista.com>
Cc: mundial@rafapal.com, jedis@rafapal.com, jedais@rafapal.com
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A FOTOGRAFÍA DE DIOS
 
Por Tomás Eloy Martínez Para La Nación
  
HIGHLAND PARK, N. Jersey.- Tres grupos de astrónomos llegaron hace unos
  
días a la misma desconcertante conclusión: más allá de todo, en los confines
  
de las galaxias desconocidas, hay ondulaciones de una energía que actúa en
  
sentido inverso a la fuerza de gravedad y que va sellando todos los huecos
  
dejados por la continua expansión del universo. Los observadores, que
  
emplean enormes telescopios asentados sobre globos estratosféricos,
  
publicaron sus informes casi a la vez, a fines de noviembre, en Roma, en
  
Berkeley y en Princeton. Uno de ellos explicó el fenómeno de un modo a la vez
  
trivial y estremecedor. El universo -dijo-, que al principio era chato, está
  
estirándose como una inmensa tela plástica. Y, tal como sucede con esas
  
telas, la extrema tensión va abriendo fisuras y líneas muertas, que Alguien o
  
Algo, desde el otro lado, rellena con una extraña forma de energía.
  
¿Se entiende? La idea no es nueva, pero antes se trataba de una conjetura. Se
  
definía el universo como un globo de látex que reventaba por un lado y que
  
Alguien iba reparando no se sabía cómo. Einstein mencionó una energía
  
conocida como "constante cosmológica", que iba cerrando los espacios vacíos,
  
pero abandonó la idea cuando pensó que contradecía el principio de un
  
universo en expansión. Nadie sabe qué es lo que hay en el imposible Otro
  
Lado, de dónde viene eso que el doctor Rocky Kolb, de la Universidad de
  
Chicago, ha llamado "la increíble fuerza exótica".
  
Los astrónomos, por ahora, le han asignado un nombre técnico: MBR, sigla de
  
microwave background radiation, que se podría traducir como "telón de
  
radiaciones cósmicas", aunque la última palabra no explica la idea de que ese
  
telón produce microondas. ¿Cómo llamarlo, entonces? El pastor de la iglesia
  
presbiteriana de New Brunswick, que aludió al hallazgo en su sermón del
  
primer domingo de diciembre, dijo que, para él, el fenómeno tenía un nombre
  
más simple: Dios.
  
¿Se trata, entonces, de Dios? The New York Times publicó a fines de
  
noviembre una imagen minúscula de la fuerza. Tiene la forma de varias nubes
  
abigarradas, de una piel humana en el microscopio, de las burbujas en un vaso
  
de soda: la forma de cualquier cosa, o de nada. ¿Dios?
  
Nadie, que yo sepa, ha mencionado hasta ahora dos textos sorprendentes que
  
describían algo parecido al MBR hace cuatro centurias. Uno refiere un sueño
  
de Galileo Galilei; el otro, más admirable aún, contiene la cosmogonía del
  
genial cabalista Isaac Luria. Reivindicar las visiones de esos dos precursores
  
es el objeto de este artículo.
 
El sueño de Galileo
 
En los primeros meses de 1610, Galileo pudo perfeccionar un nuevo telescopio
  
que agrandaba treinta veces las figuras del cielo. Durante más de tres noches
  
observó con pasmo los montes y profundos valles de la Luna hasta que unos
  
vagos fuegos inmóviles, cerca de Júpiter, le llamaron la atención. Exaltado,
  
anotó en su cuaderno que había descubierto cuatro planetas. Se trataba, sin
  
embargo, de mucho menos: eran cuatro satélites de un planeta descomunal.
  
Esa noche, Galileo tuvo un sueño extravagante, del que habla en una de sus
  
cartas a Johannes Kepler. Durante siglos, el texto fue leído como el
borrador de
  
un poema. Ahora puede entenderse como una profecía.
  
"Soñé que mi telescopio se adentraba en la noche del universo -escribió
  
Galileo-. Dejaba atrás las espadas de Orión y las miríadas de pequeñas
  
estrellas cuyas luces iban apagándose ya en los torbellinos del espacio.
  
Llegaba por fin a una región de oscuridad absoluta: la noche en cuyo
vientre se
  
oscurecían las noches de todas las edades. De pronto, en una orilla de aquel
  
cielo perdido, el telescopio divisó una estrella enorme y solitaria.
Avanzó hacia
  
ella. El espacio se tiñó de blanco. La luz era más intensa que la luz de mil
  
soles. Duró poco. Muy rápido, la luz se desgarró y por la grieta fluyeron
anillos,
  
planetas, ríos de lava celeste. Sentí que había asistido al nacimiento del
  
mundo, que había visto la mano del Creador en el instante original. Luego, vi
  
que la mano se retiraba e iba cerrando amorosamente las grietas de la luz."
  
La visión de Isaac Luria es todavía más sorprendente. Aunque Luria vivió sólo
  
treinta y ocho años y no dejó ninguna obra escrita, su cosmogonía perduró
  
gracias a las compilaciones hechas por Hayim Vital, uno de los discípulos que
  
lo acompañaron en Safed, una aldea en las montañas de Galilea, durante los
  
dos años que precedieron a su muerte en 1572.
  
Los cabalistas anteriores a Luria sostenían que el universo había nacido en el
  
momento en que Dios quiso proyectar su poder creador fuera de su propio yo,
  
en el espacio. Luria corrige esa idea: si Dios está en todas partes, si
Dios es
  
Todo en todo, ¿cómo pueden existir entonces lunas, planetas, soles, seres que
  
no son Dios? Lo que Dios hizo, dijo Luria, fue retirarse de sí mismo,
contraerse,
  
haciéndole sitio al universo.
 
Tensión perpetua
 
En la cábala, ese acto tiene un nombre hebreo, tsimtsum, que significa
  
"concentración", pero también "retirada" o "retraimiento". Gershom Scholem,
  
uno de los exégetas de Luria, ha pensado que también significa "exilio". El
  
tsimtsum, entonces, indicaria el exilio que Dios hace de sí mismo para abrirle
  
un lugar al universo, para manifestarse a través del universo. "Todos los
días -
  
dictó Luria a su discípulo Vita-, la luz sale de Dios y regresa a Dios.
Sin esa
  
tensión perpetua, sin ese movimiento incesante que va abriendo y cerrando
  
grietas en el espacio, el mundo no existiría."
  
A fines de 1999, la idea de Luria y de Galileo ha asumido otra forma: la
de una
  
fotografía perturbadora en la que aparece la Fuerza. Lo enigmático, sin
  
embargo, no es la idea de que esa Fuerza existe, sino a qué momento de la
  
historia humana corresponde la foto. Los telescopios no sólo exploran el
  
espacio: exploran también el tiempo. Apuntan su mirada hacia una estrella
  
remota y lo que reciben de ella, como se sabe, es su pasado: la vaga luz de lo
  
que fue un día. Hay astrónomos que imaginan ese pasado como un tiempo al
  
que nadie podrá llegar jamás: una especie de punto cero donde toda memoria
  
y todo futuro se congelan.
  
La fotografía de la Fuerza, entonces, ¿es el pasado? Y si la Fuerza es Dios,
  
¿tiene Dios un pasado? ¿O acaso en el espacio todo se invierte, y la luz que
  
ven los telescopios es una luz que viaja hacia adelante, hacia lo que está
  
sucediendo dentro de millones de años?
  
En los albores del milenio que termina, toda Europa creyó que se acercaba el
  
apocalipsis y manadas de hombres desnudos vagaban por los caminos
  
flagelándose para expiar los pecados propios y los ajenos. En 1570, Luria se
  
estableció en Safed para esperar la llegada del Mesías, que debía llegar en
  
1575. Centenares de profecías anuncian que el Mesías llegará ahora, cuando
  
suenen las trompetas del tercer milenio.
  
Lo que la ciencia nos ha deparado, en cambio, es la fotografía de una fuerza
  
que algunos llaman MBR y otros llaman Dios, junto con la deslumbradora
  
certeza de que en el más allá del universo se mueve Alguien o Algo. Los seres
  
humanos están siempre a la espera del fin y cada vez que salen a buscarlo, lo
  
que encuentran es un inefable, perpetuo principio


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